Ahi viene el Efrén!!!
En cada comienzo de año, es imposible sustraerse de lo que queda y de lo que se va. A veces se va la vida de algun ser querido, de alguno no tan querido o de alguno solamente conocido.
Dos años hace ya que mi padre armó su “talegón”, guardó sus tenis, su inseparable cachucha, sus pantalones de mezclilla, sus preciosas camisas de cuadros, su perfume English Leather, su libreta de mar y se fue de viaje, como patrón de su barco de estrellas, siguiendo a las “cabrillas”.
Se extraña el olor de su ropa al volver de viaje, a brisa marina, a sudor salado, a pescado fresco, a chinchorro, a piola negra, a grasa del winche y del cobralíneas. Pero todavia no ha vuelto y me sigue doliendo el saberlo.
Se despidió de nosotros al anochecer, como siempre lo hizo durante muchos años, con un beso para todos a la puerta del porche.
Lo extrañan su bicicleta, su banquito verde de madera, las plantas en el balcón, la hamaca en la azotea que de tanto esperarlo un dia decidió irse a buscarlo y tampoco ha vuelto.
Lo extrañan sus cuatro hijos, sus cuatro nietos y los nietos que no le alcanzó la vida para conocer.
Cómo es de caprichosa la vida que se dá y se niega cuando se le dá la gana. Por eso, hay vivos a medio morir y muertos a medio vivir.
“Ahi viene el Efrén!” gritaban los chiquillos en el barrio de la Montuosa y todos salíamos despavoridos rumbo a nuestras casas. Era el loco Efrén, apestoso a orines y a mierda, renegrido por el sol y por la gruesa capa de mugre que coloreaba su piel. Andaba todo harapiento, descalzo, siguiendo caminitos imaginarios, simplemente transitando por la vida como si fuera su dueño eterno.
Tomaba agua de los charcos y comía de la basura. Nadie sabia exactamente la razón de su locura, pero todo mundo sabía que el Efrén, en sus condiciones de vida, se moriría pronto.
Y pasaron los años, los lustros y las décadas, y el Efrén no se ha muerto. No recuerdo cuando fue la última vez que lo vi, quizá hace meses o años, pero ahi seguía: no se crea ni se destruye, solo se transforma.
No se cual sea la razón por la que el loco Efrén siga vivo, no tiene familia, no tiene amigos, no tiene edad. Quizá sea para que la vida se siga burlando de nosotros impunemente.