
En un mundo descomunal, siento mi fragilidad. No se que fue primero, si el asombro o el encanto, pero si sé que nunca el vacío ni la ausencia.
Te percibí y supe que eras yo y también todos lo demás. Nada pudo volver a ser igual: eras la vida reclamando vida, la mente reclamando mente, el corazón reclamando corazón, y algo mucho más que nosotros dos.
El sentido se recobra y se toca el horizonte: no es asunto de grandes miras sino de manos quietas, de universos paralelos y de ilusiones sin perder, sin arrebatos.